El invierno trajo importantes desafíos para las actividades tradicionales del Colegio San Anselmo. Las condiciones climáticas obligaron a reprogramar el Campamento Scout de Hombres para el mes de octubre y a adaptar el desarrollo de Trabajos y Misiones. Sin embargo, el propósito que inspira estas iniciativas permaneció intacto: que nuestros estudiantes tengan una experiencia de formación a través del servicio, la vida comunitaria y el encuentro con los demás.
La experiencia de Trabajos y Misiones reunió a 197 alumnos/as de Iº a IVº medio, acompañados por 29 exalumnos, además de las tres jóvenes inglesas y dos de los tres estudiantes de Priory.
Guiados por el lema “Que nadie menosprecie tu juventud” (1 Tm 4,12), los participantes fueron invitados a reconocer que la juventud también es un tiempo para responder con generosidad al llamado de Dios, poniendo los propios dones al servicio de los demás y dando testimonio de la fe a través de la vida cotidiana.
Se formaron siete grupos, los que fueron distribuidos en las comunas de Buin, Talagante, Isla de Maipo y Pumanque, donde realizaron distintos trabajos de apoyo a las comunidades locales, además de compartir momentos de misión, encuentro y oración junto a familias del sector.
Si bien el desarrollo de la actividad debió adaptarse al avance del sistema frontal y fue necesario adelantar el regreso de los grupos, los estudiantes pudieron vivir una intensa experiencia de servicio y fraternidad, compartiendo con las comunidades visitadas y poniendo sus talentos al servicio de quienes más lo necesitaban.
“Al ser tres días pude vivir de manera mucho más intensa y presente el amor de Dios. Mi principal manifestación de Dios fue a la hora de trabajar; me pude sentir muy vivo al dar la vida por los demás”, comentó Vicente Aste, exalumno de la Generación 2025.
En la misma línea, Lucía Valenzuela (IVºA) destacó: “Desde que empecé a ir a Trabajos y Misiones he sentido una especie de propósito más profundo y más real en las acciones que hago cada día. No solo he podido conocer a muchas personas que me marcaron, sino que también he podido crecer y aprender como persona, fortaleciendo mi amor por Dios y manteniendo firme mi entrega por los demás como parte fundamental de mi vida”.
La tradición benedictina nos invita a acoger con confianza también aquello que no habíamos previsto. Este año, las circunstancias exigieron adaptar los planes, recordándonos que el verdadero valor de las actividades de invierno no está en la duración de la experiencia, sino en la disposición para servir con generosidad, abrirse al encuentro con los demás y descubrir a Cristo en cada persona.
Felicitamos a todos los jóvenes que se sumaron a esta experiencia, y agradecemos especialmente al área de Tutoría y a nuestros exalumnos de la Escuela de Servicio, quienes, con su dedicación, trabajo y compromiso, hacen posible esta actividad tan valiosa para la formación de nuestros estudiantes.