Entre el 12 y el 20 de mayo, dos alumnos y dos alumnas de III° medio participaron en la Experiencia San José de Mallín Grande, en la Patagonia, junto a estudiantes del Colegio San Benito y a tutores que los acompañaron.
Las alumnas vivieron esta experiencia bajo el lema “Cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, recibiréis una fuerza que os hará ser mis testigos” (Hch 1, 8), mientras que los alumnos profundizaron en “Tú eres mi hijo amado” (Lc 3, 22b).
Durante esos días participaron en trabajos manuales, visitas a localidades cercanas, momentos de oración, espacios de silencio y actividades de formación espiritual centradas en el Bautismo. Además, la experiencia estuvo marcada por las celebraciones de la Ascensión y Pentecostés, incluyendo una misa junto al obispo en la localidad de Guadal.
San José fue una oportunidad para desconectarse de la rutina, vivir la comunidad de manera profunda y fortalecer su relación con Dios a través de la oración, el servicio y la vida compartida.
Sobre esta experiencia, Josefa Laso, del III°A, comentó:
“Me fui a San José muy nerviosa porque no sabía bien a qué iba, pero me llevo muchísimas cosas buenas de allá. Primero, el lugar es increíble, con paisajes impresionantes. También me quedo con la comunidad que se forma, tanto con las oblatas como con las tutoras y las alumnas del San Benito. Además, gracias a la rutina y a la vida de oración, pude sentir mucho la presencia de Dios. Volví a Santiago muy feliz y agradecida por haber vivido esta linda experiencia”.
Federico Vicuña, del III°B, también compartió su testimonio:
“Para mí, haber vivido la experiencia en San José significó mucho más de lo que esperaba. Al principio pensé que sería difícil estar una semana completamente desconectado, pero con el paso de los días me di cuenta de que esa desconexión me ayudó a dejar las preocupaciones de lado y a vivir el día a día. Además, pude conocer a los oblatos que viven en la Casa San José y ver la dedicación que tienen hacia su fe. Gracias a esta experiencia pude acercarme más a Dios y entender mejor la importancia de la oración, el silencio y la comunidad.
Me quedo con muchas cosas, pero principalmente con la conexión que logré tener con Dios. También me llevo el recuerdo de todas las personas con las que compartí durante esa semana: las conversaciones, las risas, los momentos de reflexión y las actividades que realizamos juntos. Además, me quedo con la tranquilidad del lugar y con el aprendizaje de que desconectarse a veces hace bien. Fue una experiencia que me ayudó a crecer como persona y que voy a recordar por mucho tiempo”.
María Gana, del III°C, agregó:
“Hace dos semanas volví de San José, donde tuve una semana realmente única que me marcó y guió mucho. Viví algo que creo que no se da en muchas partes, algo muy especial, y no solo por la forma de vivir y la rutina tan distinta a la que tenemos acá, sino también por lo que uno siente internamente consigo mismo, con el entorno, con Dios y con quienes te rodean.
Al principio estuve muy nerviosa de ir y vivir algo que sentía tan desconocido teniendo que desconectarme de todo, pero al llegar me di cuenta que esa misma desconexión que me daba miedo fue la que me llevó a conectarme con algo que no sabía que me hacía falta tanta falta.
Durante estos días aprendí y vi a Dios manifestarse de millones de formas en las que antes seguramente no me habría fijado en su presencia, y ahora sí, en los increíbles paisajes, las risas, los consejos, en simples conversaciones que a veces tenían que ver con Él y otras veces no, y en las mismas personas con las que estuve estos días. Una de las cosas con las que más me quedo de estos ocho días es con la comunidad que se creó, muy acogedora y cariñosa, donde terminé creando grandes y firmes amistades espirituales.
Volví muy agradecida, renovada, con una paz gigante y con la necesidad de no dejar todo esto en la Patagonia, sino de seguir buscándolo en mi día a día”.