Desde el 27 de enero al 5 de febrero se llevaron a cabo las Misiones Familiares en el Litoral de Aysén, en las cuales participaron cuatro familias de nuestro Colegio: los Grohnert Searle, los Gazmuri Quiroga, los Lira Ortúzar y los Fernández Vial. Las localidades visitadas fueron Puerto Gala, Puerto Gaviota y Melimoyu.
Crónica Puerto Gala
Familias Fernández Vial y Gazmuri Quiroga
“Después de casi 24 horas de viaje y cinco medios de transporte distintos, llegamos a Puerto Gala, pueblo de pescadores de no más de 100 personas. Acá no hay calles ni caminos, sino que todo está conectado por puentes y pasarelas que cuelgan de los cerros de alta pendiente. El paisaje es maravilloso, y demasiado distinto a lo que estamos acostumbrados a ver, Dios nos ha hablado muy fuerte a través de eso: montañas, estrellas de mar, arcoíris, playas paradisíacas, arrayanes abuelos, ballenas, aguas Del Mar verdes y azules, personas maravillosas. Los primeros días fueron de visitar y conocer a algunas de las personas que aquí viven, todos muy gentiles, buenas conversaciones iniciales en las puertas de las casas. Poco a poco pudimos ir profundizando con algunas de ellas y siempre ofreciendo un sencillo momento de oración, hacer un mini silencio y leer una lectura. Durante la semana que estuvimos en Gala nos dedicamos a eso, a visitar, conversar, conocer personas, anunciar -muy sencillamente- el amor de Dios.
Nos visitó el obispo Luis y Manuel José, quienes estuvieron alojando con nosotros dos noches y se sumaron a nuestro horarios y a las visitas a las personas. Nos llegó mucho su testimonio de sencillez y lo aperrados que eran por sumarse a esta misión. La gente en Gala se dedica a la pesca, por lo que en días buenos, todas las personas están en el mar, nos tocaron días muy buenos, por lo que a ratos fue difícil encontrar a la gente, tuvimos que ser ingeniosos y “hacer dedo” a algunas pangas (lanchas de fibra de vidrio), para poder ir a visitar a gente que vive en caletas a las que no se puede llegar por tierra.
Estos días de misión también han estado marcados por el hecho de estar en familia. Los niños son un constante desafío, dado que no estamos acostumbrados a hacer este tipo de experiencia con ellos, el horario es un constante discernimiento. Verlos de misioneros es muy emocionante, ellos hacen que el abrir la puerta de la casa sea menos amenazante para los locales, saludan a todos y les dicen “hola, somos misioneros y católicos” y al tiro sacan sonrisas. La pasada por Gala nos deja con el corazón lleno, es sin duda una primera aproximación a un terreno en el que Dios no es tan parte del día a día de las personas, o mejor dicho ellos no son tan conscientes de eso, porque todo en Gala habla de Dios”.