Mayo 13, 2026 Noticias

Apoderados CSA en San José: “Cuando Dios te lleva donde necesitas estar”

Del 5 al 11 de mayo, un grupo de once apoderados de nuestro Colegio viajó a San José de Mallín Grande para vivir una experiencia comunitaria inspirada en la vida monástica. Acompañados por sus tutores Alejandro Greene, Álvaro Gazmuri, Felipe Raby y Renato Rojas, compartieron una semana marcada por la oración, el trabajo, la escucha y la vida en comunidad.

Bajo el lema “No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío” (Is 43,1b), los participantes vivieron distintos espacios de reflexión y encuentro, profundizando especialmente en la Lectio Divina como camino de oración y encuentro con Dios. Fueron días para crecer en la amistad espiritual, fortalecer la fe y detenerse, en medio de la rutina, para escuchar con mayor profundidad la voz de nuestro Padre.

Raúl Garrido, apoderado de nuestro Colegio, nos comparte su testimonio:

“Desde hace un tiempo que sentía la necesidad de parar. De hacer una pausa real, no de esas que uno se promete los domingos en la noche y que el lunes ya se olvidó. Algo más profundo. Algo que me reconectara con lo esencial, con lo que realmente importa. Ese fue el propósito con el que partí a San José: enriquecerme espiritualmente. Así de simple. Así de honesto.

Y la verdad es que lo que viví superó cualquier expectativa que pudiera haber tenido.

San José de Mallín Grande es un monasterio y comunidad del Movimiento Apostólico Manquehue en un lugar donde la naturaleza te recuerda lo pequeño que eres y, al mismo tiempo, lo importante que es detenerse a mirar. Es un rincón del mundo donde todo se aquieta. Los paisajes patagónicos, la vida de campo, el silencio… todo ahí te invita a estar presente. La comunidad vive bajo la Regla de San Benito y acoge a quienes buscan un espacio de oración, retiro y encuentro con Dios.

Con las personas que Dios reunió en esta experiencia, conformamos un grupo de quince hombres. Algunos de ellos, grandes amigos de la vida, esos que uno conoce hace años. Poder vivir esta experiencia con ellos fue un verdadero regalo: renovar nuestra amistad desde otra mirada, conocernos más desde la espiritualidad, descubrir dimensiones del otro que en el día a día no se ven. Y luego estaban los que no conocía. Con ellos se dio algo muy lindo, algo que no se puede forzar: una apertura honesta, conversaciones profundas, la práctica de la escucha, dar y recibir un consejo con humildad. Con todos —absolutamente todos— hubo momentos para reír, reflexionar y también para emocionarse.

Cada actividad, fue un paso más hacia adentro. Esto fue lo que más me impactó. El cronograma de la experiencia se nota que fue trabajado con mucho cariño y dedicación. Nada estaba puesto al azar. Cada dinámica aportó a la espiritualidad y a la conexión con Dios de una manera que no esperaba.
La Lectio Divina nos abrió un espacio de reflexión profunda, de aprender a sacar aprendizajes para la vida desde la Palabra de Dios.

La oración de Laudes, Intermedia, Vísperas y Completas nos dio la oportunidad de preparar cantos, de hacer coro juntos, de rezar con el alma y con la voz. Las espiritualidades nos permitieron conocer más sobre la tutoría, pilar fundamental del Movimiento Benedictino que tanto sentido tiene cuando lo vives en primera persona.

Y después estaban los trabajos: cortar leña, mover postes, hacer pan, ordenar la biblioteca, cosechar manzanas. Actividades simples, hechas con amor y vocación de servicio, que nos permitieron aportar un grano de arena al funcionamiento de San José.

Algunos de los momentos más lindos que tuve fueron las caminatas. Caminar admirando la naturaleza y los paisajes de la Patagonia, sumado a conversaciones profundas, uno a uno, fue una de las experiencias más hermosas que he vivido. El silencio de afuera me ayudó a escuchar lo que venía de adentro.
Y luego vino la renovación del bautizo. No tengo palabras suficientes para describir lo que sentí. Fue una ceremonia preciosa, en un paisaje impresionante. Lo más significativo fue reafirmarme en algo que siento con fuerza: nada es casualidad. Dios me trajo a este lugar para tener un renacimiento espiritual.

Quiero agradecer, de corazón, al departamento de Pastoral, a la Cata, la Fran y la Xime, por toda la dedicación y el cariño. Porque con cada detalle me pude dar cuenta de algo muy simple pero muy poderoso: cuando las cosas son hechas desde el amor, todo llega mucho más profundo y con mayor sentido.

A los tutores, Renato, Cano, Álvaro y Felipe, gracias por su generosidad, por su sabiduría al guiarnos, por preocuparse que cada actividad estuviera llena de esos detalles que las hacen únicas e imborrables.

A las oblatas de Santa Hilda y a los oblatos de San Beda, por su cálida acogida y por las espiritualidades que compartieron con todos nosotros.

Y a los catorce. Porque cada uno, con su alegría, sus reflexiones, su espiritualidad, su generosidad, su escucha y su vocación de servicio, me ayudaron enormemente a volver a conectarme con la Palabra de Dios y a comenzar a darle un espacio importante en mi vida a la espiritualidad. Será un proceso, paso a paso —como lo escribió Monato en ese testimonio que tuvimos la suerte de leer—, pero el primer paso ya está dado y no quiero volver atrás.

Agradezco también a mi familia: Paulita, Jota, Isi y Mumito, por apoyarme desde el primer minuto y empujarme a vivir esta experiencia.

Para terminar, tengo una invitación sincera: Si estás leyendo esto y algo te resuena, si alguna vez has sentido esa inquietud de querer parar y reconectarte con algo más grande, te invito de corazón a que explores esta experiencia. San José de Mallín Grande es un lugar que te transforma sin que te des cuenta, que te devuelve cosas que no sabías que habías perdido.

No importa dónde estés en tu camino espiritual. No importa si llevas años conectado con tu fe o si sientes que te has alejado. Esta experiencia tiene algo para todos, y lo digo desde la humildad de alguien que llegó buscando algo y volvió con mucho más de lo que esperaba.
Si quieren saber más, si necesitan que les cuente con más detalle lo que se vive allá, estoy completamente disponible. Con mucho gusto les comparto mi experiencia para motivarlos a que puedan y, sobre todo, quieran vivirla. Escríbanme, tomémonos un café, conversemos. Será un placer”.

Raúl Garrido P.

 

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