Agosto 17, 2023 Noticias

Jornada Mundial de la Juventud 2023 en Lisboa

“El Señor reina, la tierra goza” (Sal 96).

Hace una semana llegaron nuestros peregrinos del encuentro juvenil más importante de nuestra iglesia, una invitación que invitó a todos los jóvenes de hoy a soñar en grande. Se vivió una peregrinación, una celebración de la juventud, la expresión de la iglesia universal y un poderoso acto de evangelización para el mundo juvenil.

Como comunidad participamos activamente a través de los jóvenes que vivieron esta experiencia. Una generación decidida a construir un mundo más solidario, más empático y más alegre, independiente de las diferencias, porque todos estaban reunidos ahí con la misma sed, en la misma búsqueda de una experiencia de amor.

Nos comparten:

Sara Frías, IIºA:
“Una oportunidad increíblemente entretenida, sobretodo por la comunidad bacán que se formó, tan única y especial, me hizo sentir muy feliz.
Pude hacer muchos amigos nuevos del San Anselmo y de nuestro colegio hermano,  San Benito, ya que turisteamos muchísimo; disfrutamos de paisajes, comidas y experiencias juntos; son amigos que definitivamente seguiré viendo.
También hice amigos que probablemente no voy a volver a ver; como peregrinos de Cabo Verde que me hacían reír con sus bailes, peregrinos de España y Angola, con los que pase mucho tiempo cantando, bailando e intercambiando pulseras.

Ademas de lo entretenido e increíble que fue todo, la experiencia completa, definitivamente me cambió la mirada de la Iglesia. Al ver a tantos jóvenes peregrinos reunidos con el mismo fin, me hizo sentir mucha alegría. Saber que no soy la única apasionada por esto, que muchos jóvenes, de más de 180 países con distintos idiomas y diferencias nos reuniamos a lo mismo, a ver y sentir a Jesús vivo, a la Iglesia viva.
Al escuchar las palabras del Papa se despertó en mi corazón, la misericordia y el amor. Con lo que más me quedo de lo que dijo el Papá fue: “En el arte de ascender, el triunfo no está en no caer, sino en no permanecer caído, ESE es el arte”.

María Jesús Airola (A12) encargada del grupo CSA en Lisboa:
¿Cómo fue tu experiencia en la JMJ Lisboa?
Lisboa 2023 fue una experiencia única, creo que no hay palabras que puedan describirla. Es muy fuerte lo que se vive, es experimentar ser Iglesia, pero realmente vivirlo. A veces queda tan lejos la palabra Iglesia, y la JMJ es vivirla al 100% por eso no creo que haya palabras que la puedan describir. Para mí fue comunidad, tutoría, amistad y aprender a expresarse, manifestar el amor de Dios entre hermanos.

¿Qué tareas o responsabilidades tuviste durante la Jornada? y ¿cuál fue el desafío más grande?
Mi mayor responsabilidad más que el acompañar al grupo y poder ser pastora, creo que el estar a la altura de la comunidad y sus necesidades. Siento que ese es el desafío de la tutoría, el poder conocer a la comunidad y desde su realidad y sus necesidades, poder guiarlos. También tuve el privilegio de que me fui con 37 alumnos y 5 tutores estrellas, entonces a veces me sentía mucho más recibiendo de ellos que yo pudiendo entregar, y es difícil estar a la altura de su buen ánimo, energía, amistad y cariño. Era realmente una comunidad espectacular.

¿En qué cosas evidenciaste el amor de Dios?
Yo creo que nada se escapaba del amor de Dios. Desde las manifestaciones de cariño de la comunidad, entre ellos y con el resto de los países, a otra manifestaciones como “coincidencias” o cosas sin explicación racional. Por ejemplo, justo caber los 43 en los buses, toparnos con ex alumnos allá, alcanzar a llegar a los lugares, no se, millones de cosas muy chicas que si uno es consciente, puedes darte cuenta que nada se escapa de la realidad de Dios. Creo que la palabra que más repetimos con los tutores era ¡Gracias Señor! Porque eran demasiadas sus muestras de cariño hacia nosotros.

¿Cómo se transmitía el espíritu de la Iglesia, qué te quedo de eso?
La JMJ es una celebración de la Iglesia. Nos sentíamos la capital de la Iglesia, sí o sí. Se hacía muy evidente el versículo “El Señor reina, la tierra goza” (Sal 96). Todo era goce y alegría. Como a grandes rasgos: en la semana misionera nos tocó Leiria, Fátima. Ahí compartimos con Angola que fue el primer acercamiento a la Iglesia Universal que tanto nos contaban. Sus cantos, alegría, bailes, fuimos testigos de que la fe rompe cualquier barrera cultural. En el santuario, la cantidad de peregrinos que llegan, tuvimos una misa de 10.000 personas con casi 100 sacerdotes y poder celebrar la Eucaristía en distintos idiomas. Ya en Lisboa, todos los encuentros con el Papa era impresionante la cantidad de personas compartiendo la alegría de la fe y las ganas de sumarse a la Iglesia.
Hay 3 puntos que sentí que era vivir el espíritu de ser Iglesia:
1. La comunidad San Anselmo San Benito. A una escala mucho más micro que los 2millones, no dudó que vivimos ser Iglesia entre nosotros.
2. Experimentar el sacramento de la Reconciliación. También marcó un quiebre en los días. Ver a tanta gente confesandonos, cientos de sacerdotes en distintos idiomas, fue muy fuerte de vivir.
3. La Vigilia. Los conciertos, la adoración al santísimo, la misa de envío. Fue vivir por un momento estar en el cielo. Eso sentíamos, que así nos iba a estar recibiendo Dios en el cielo.

¿Qué sellos manquehuinos, del san Anselmo viste plasmados en la comunidad y que también se traspasaron hacia afuera?
Siento que la comunidad allá no pasó desapercibida. En verdad donde íbamos hacíamos “ruido”. En los conciertos no era raro que saliéramos en las pantallas o que más de algún regalo nos hayan dado los artistas, o que fuéramos los coreógrafos del público.

Quedé sorprendida de la motivación, las ganas de más, de transmitir energía y alegría al resto de los países. Y también el ruido en el silencio, el respeto, la actitud de silencio en la oración. También vi demasiado fuerte la amistad en la comunidad, siento que éramos uno, y muy compactos. Sabíamos que nadie faltaba ni nadie sobraba, que todos eran importantes y que cuando alguno no estaba (más allá de la seguridad) era porque nos faltaba un amigo.

La espiritualidad manquehuina es única en verdad, como que es un sello distinto. Vi el servicio muy fuerte (hasta la Vicaría nos agradecía de la disposición y podíamos notarlo en los distintos colegios donde nos tocó estar), la apertura a los cambios, la flexibilidad y disponibilidad de todos para adaptarnos a lo que viniera, rezar completas todas las noches porque era parte de nosotros, impulsar un Salve Regina donde sentíamos que queríamos expresar las gracias a la Virgen, el compartir los roles y que todos se sintieran importantes y responsables del otro, las ganas de vivir cada momento con lo que eso implicase, a veces con 40 grados caminando no faltaron los cantos y las risas, las ganas de aprender y saberlo todo, inquietarse y preguntarse. Fue vivir el sello manquehuino todo el rato. Aprendimos a que somos un movimiento de iglesia y que desde ahí queremos esparcirlo por el mundo.